Mostrando entradas con la etiqueta Búsqueda personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Búsqueda personal. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de diciembre de 2012

“La felicidad sólo es real…”


Citemos una vez más a Christopher McCandless, el joven que se fue a Alaska buscando la felicidad y lamentablemente murió hace veinte años dentro de un bus abandonado. Desde que conocí su historia hubo dos hechos que me llamaron mucho la atención. Del primero ya escribí en el artículo anterior, así que hablemos del segundo. Entre las líneas de un libro que llevó consigo, Chris con letra frágil escribió una frase que en mi opinión es genial e impactante: «Happiness only real when shared» (La felicidad sólo es real cuando es compartida).



La frase no dice dónde encontrar la felicidad ni en qué consiste, sino que evidencia una condición. Para que se pueda hablar de felicidad, para que ésta sea real, tiene que ser compartida. No hay felicidad solitaria, podríamos decir. La soledad y la felicidad no van juntas.

Pero ¿qué significa compartir la felicidad? No creo que se refiera únicamente a tener a alguien al lado mientras se es feliz. Ni tampoco a contarle a alguien lo feliz que soy. No podemos saber a qué se refería Chris, pero sí podemos reflexionar a partir de la pista que nos dejó.

Creo que se comparte aquello en lo que otros tienen parte, es decir compartimos algo en lo que participamos con otros. Cuando miro un atardecer hermoso junto a alguien, estoy compartiendo la experiencia. Cuando sufro una pena con otra persona, estoy compartiendo el dolor. Cuando me río junto con otros, estoy compartiendo la alegría. Lo mismo sucede con la felicidad. Cuando vivimos con otros lo que nos hace felices día a día, estamos compartiendo la felicidad. Cuando se camina juntos hacia el horizonte de la felicidad, se está compartiendo la felicidad.



Ahora bien, con la felicidad no pasa como con el atardecer o el dolor. Hay una diferencia importante. El atardecer puede no compartirse y sigue siendo muy real. En cambio la felicidad no compartida se desvanece, se desfigura, al punto tal que podríamos decir que sin los demás no hay felicidad. Por ello creo que la felicidad es un horizonte hacia el cual es indispensable caminar de la mano con otros. O desde otra perspectiva, la felicidad es una experiencia de plenitud que solo se da auténticamente cuando se vive con otros.
 
¿Y cómo compartir la felicidad en lo cotidiano? Responder esta pregunta implicaría muchísimas páginas.  Así que sólo diré tres cosas que me parecen fundamentales. Lo primero es compartir las experiencias profundas que nos hacen ser felices con las personas con quienes queremos ser felices. Lo segundo es buscar una comunión en el ideal de felicidad, pues si hay horizontes diferentes cada uno caminará por su lado. Y es evidente que no se puede caminar juntos si uno va hacia el sur y otro hacia el norte. Y por último es necesario aprender a caminar juntos hacia ese ideal día a día y paso a paso.

Hasta la próxima…

jueves, 29 de noviembre de 2012

Alaska y la búsqueda de la felicidad





Hace veinte años murió un joven llamado Christopher McCandless y hoy en día se ha convertido en un ícono para muchos en Estados Unidos. Christopher terminó la universidad con un profundo vacío interior. Estaba hastiado de la superficialidad, del materialismo,  de lo falso e inauténtico de muchas personas, y buscaba una vida con sentido, una vida libre y feliz. Así que decidió donar sus ahorros de 24 mil dólares, desligarse de todos y de todo y, sin avisarle a nadie, emprender un viaje como mochilero hasta Alaska donde viviría alejado de la sociedad y en armonía con la naturaleza. Y así lo hizo. Llegó a Alaska y vivió unos meses solo, apartado de todo y rodeado de un paisaje hermosísimo. Pero al cabo de un tiempo de cuestionamientos y reflexión, se dio cuenta de que ahí no estaba la felicidad ni el sentido de su vida y decidió regresar. Lamentablemente sus planes se vieron frustrados.  Ya era primavera y la gruesa capa de hielo que había cubierto el río en invierno, se había derretido. El río era ahora demasiado caudaloso y era imposible cruzarlo. Así que tuvo que regresar al autobús abandonado que le había servido de refugio durante los meses anteriores y esperar y esperar... Sin mapa, ni alimentos, ni entrenamiento de supervivencia, Chris murió de inanición. El 6 de septiembre de 1992, dos excursionistas y un grupo de cazadores de alces encontraron esta nota en la puerta del autobús: «S.O.S., necesito su ayuda. Estoy herido, cerca de morir, y demasiado débil para hacer una caminata. Estoy completamente solo, no es ningún chiste. En el nombre de Dios, por favor permanezcan aquí para salvarme. Estoy recolectando bayas cerca de aquí y volveré esta tarde. Gracias, Chris McCandless. Agosto ?». Los cazadores entraron al autobús y lo encontraron muerto  en su bolsa de dormir, con apenas 30 kilos de peso. Llevaba muerto más de dos semanas. 



  
¿Qué impulsó a Chris a hacer ese viaje hasta Alaska? ¿Qué lo movió a vivir solo en medio de la naturaleza? ¿Un simple deseo de aventura? ¿El querer desligarse de todo y fugar del mundo? Según lo que escribió en su diario personal, fue algo mucho más profundo. Christopher estaba buscando un sentido auténtico para su vida, una vida coherente con sus anhelos más profundos. Estaba buscando la felicidad. Y la buscó a un altísimo precio.

A veces el ritmo agitado de la vida, las necesidades económicas, las presiones sociales, ciertos paradigmas superficiales y algunas exigencias autoimpuestas nos van llevando a no escuchar el deseo interior por ser felices. En vez de ser el motor que nos impulsa, la búsqueda de la felicidad queda relegada a un bonito ideal que tal vez algún día se pueda atender. Poco a poco se va disociando la vida cotidiana de la búsqueda de la felicidad. Y tarde o temprano esta opción se paga con altas cuotas de frustración, vacío interior y sinsentido.

Creo que no es difícil coincidir en que la búsqueda de la felicidad es una tarea personal de gran importancia. El asunto es cómo estamos cumpliendo esa tarea. Tal vez un buen punto de inicio es armarse de valor y en un momento de silencio interior preguntarse con sinceridad: ¿Cuán feliz soy? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cómo puedo ser más feliz?

Cristopher McCandless sugirió en una de sus últimas notas que no es necesario irse a Alaska para encontrar la felicidad… Tal vez el camino esté más cerca de lo que se piensa. En todo caso, está claro que si se quiere encontrar algo hay que tomar la decisión de empezar a buscarlo. Ése es el primer paso.